Nota: este texto (como la mayoría publicados) se basa en las meditaciones de Kriya. En este caso, en las meditaciones avanzadas con los 18 Siddhas, tal como se enseñan en la tercera iniciación.
La luz de Shiva, la Divinidad, es la luz en la que viven los Siddhas. Es la luz de la consciencia divina, antes de la manifestación.
La luz es Shiva-Shakti, forma sin forma. Es el secreto de este Kriya Yoga de los Siddhas, junto con la consciencia presente (Presencia y Amor).
Si conectas con la luz llegas al punto de pre-creación en la materia, que no es sino luz ya solidificada; por eso los Siddhas tienen los siddhis (poderes yóguicos), porque están detrás de los condicionamientos ordinarios de la mente que vive en la creación; no les afectan porque no se identifican con estos condicionamientos – se han librado de su ego.
El siddha funde su ser en esta luz, a la que se entrega totalmente, y entonces es remodelado por ella.
Maya, el engaño de la multiplicidad, esconde esa luz, pero nuestra sadhana (práctica yóguica) y entrega la vuelven a revelar. Ella trae el conocimiento y lo atemporal. Los "rayos de luz" nos van acercando hasta la luz completa. La luz es el tesoro por descubrir; todo lo demás fenoménico palidece ante ella, porque es la fuente de todo lo fenoménico, y no se puede catalogar con referentes fenoménicos. Descubre su gozo y fascinación con tu práctica.
El cuerpo físico es la terminal, la toma de tierra de la luz espiritual. Hay que crear una base estable para recibir al Divino, a todos los niveles. El cuerpo es entonces un templo dorado de una consciencia superior, la de los Siddhas – la consciencia luminosa. Toda la sadhana es una preparación para acoger y contener esta gracia.
¿Cómo trabajar la luz? La luz es el elemento de la alquimia. Uno se purifica al máximo y se entrega, y ella hace el trabajo. El descenso se articula desde la corona, e incluye a los chakras inferiores y a todo tú. Uno debe dedicar tiempo a ese descenso, entregándose relajadamente a él – ésta es la sadhana, junto con la preparación y la purificación.
La sadhana de la luz
La luz es siempre omnipresente, pero no está en nuestra consciencia a menos que la tengamos presente.
Se dice que en la sala dorada del templo de Chidambaram, Tamil Nadu, es donde danzó Shiva. Chidambaram significa "espacio de consciencia". Los Siddhas crean ese templo dentro, en la propia consciencia, para que el Divino pueda danzar allí.
La práctica continua del testigo conduce finalmente al silencio interior, que crea un espacio de consciencia dentro del yogui; un espacio porque está libre de contenidos, y esto se percibe como una liberación. Los Siddhas hablan también de "Vettaveli" o "espacio de liberación".
Para crear este espacio silencioso hace falta dedicación en la práctica; resulta difícil porque todos queremos atesorar cosas, tenemos apegos, y el Yoga es volvernos pobres de espíritu: soltar contenidos y morar en la consciencia pura, esa nada gozosa en la que todo se manifiesta.
Al crear ese espacio de consciencia aparece una luz omnipresente, la luz del Ser. Esta luz interna es la contraparte formal de la consciencia. El silencio y el testigo nos vuelven transparentes hacia esa luz.
En esa luz interior se puede manifestar el Divino, Shiva, como descenso luminoso que lleva a su perfección al yogui, convirtiéndolo en un Siddha (ser perfeccionado). Esto es el resultado de la Gracia, que a su vez es resultado de la entrega del yogui que crea ese silencio devocional, el espacio donde puede danzar el Divino.
Oh resplandeciente Llama de Thillai (Chidambaram),
Oh Luz llenando de vida que ha entrado en mi cuerpo de carne.
- Ramalinga Swami
Así, el testigo crea el silencio interno – éste genera el espacio de consciencia – en él aparece la luz – y el Divino se puede manifestar en esta luz.
Ten la luz presente durante el día practicando Presencia y Amor, creando el testigo y dejando espacio así para que la luz esté presente. Es un proceso devocional que involucra a la consciencia y al silencio para realizarse.
Ven a la luz. Está ahí, velada o manifiesta, en tu consciencia y en todas partes, pues ambas están unidas. Es la luz divina que debes invocar, buscar y evocar desde tu silencio – ésta es la sadhana de la luz de los Siddhas.
Necesidad de estabilidad
Necesitarás paz y estabilidad para que el Divino que desciende no se disperse. Busca estabilidad en tu vida a todos los niveles. Las cosas sencillas y estables son las que te permiten acoger al Divino. Paz y estabilidad. Pon el mantra en todo, Om Namah Shivaya. Este mantra borra los contenidos mentales, dejando sitio para esa luz. Crea ahora esta estabilidad en tu vida. ¿Cómo la creas? Con limpieza interna, rutinas claras, aspiración clara.
El silencio mental surge con las energía equilibradas dentro – de ahí la importancia del pranayama y de las posturas; el trabajo físico-energético crea una base estable que empieza desde lo físico. Con ese equilibrio la luz desciende de forma natural. Desde ahí la invocas y te entregas a ella.
Invoca la luz con la devoción. Invócala y conecta con ella. Incorpórala a tu vida y hazla presente. Barre tu interior constantemente con el testigo para dejar sitio a la luz.
Evita la dispersión emocional y todo aquello que la nutre. Con dispersión emocional no hay ni silencio ni luz. Si haces sadhana y luego caes en la dispersión emocional de las redes sociales, las noticias o de los contratiempos todo se pierde, como el que tira un tesoro al mar. Y también se pierde el esfuerzo energético de transmutar. ¿Cómo estarías sin esta dispersión emocional? Dejarías espacio para que se manifieste el Ser.
La Presencia barre todo, especialmente las emociones del ego. Nityananda Kriya no sólo evita la identificación con lo pasajero, también hace un trabajo de purificación emocional. Y la luz viene en esta consciencia presente y silenciosa – ahí invocas al Divino.
Mantén una mente calmada y receptiva, no agitada y dispersa, para acoger la luz. Llena todos tus flecos con la luz de los Siddhas, y que haga su trabajo de transmutación. Cuanta más gracia aceptas, más gracia recibes.
Purifícate lo bastante para que no haya obstáculos dentro de ti que opaquen esa luz; eleva la energía lo suficiente para activarla y líbrate de las resistencias del ego en recibirla.
Despejando el camino para Kundalini
En el Kriya Yoga movemos la energía para que Kundalini pueda elevarse, pero hay que hacer un trabajo de purificación emocional, de quitar apegos, para que no haya impedimentos para su ascenso.
Trabaja más el testigo, Presencia y Amor, para limpiar internamente enredos, resistencias y apegos que puedan frenar a Kundalini. El desapego, junto con la entrega y la aspiración al Divino, despejan el ascenso de Kundalini. Observa lo que te ata (emocionalmente sobre todo, lo que te dispersa). Limpia radicalmente todo eso.
La entrega incluye entregar las limitaciones mentales para que actúe esa luz. Recuerda que la mente afianza la creación que experimenta cada uno. Cuanto más domina uno la mente menos condicionado está por la creación que le rodea.
El mantra de Durga es importante: limpia karma y obstáculos, y a la vez representa a Kundalini.
Un linaje dorado de luz
El soruba samadhi(divinización del físico, el logro de los Siddhas) es la presencia del Divino en ti, de una corriente superior que has aceptado, con la que conectas y con la que te nutres constantemente. El Divino manifestó este plano como entretenimiento, pero también creó la opción de hacerse presente en él, a través de una gracia ininterrumpida manifestada en ese linaje dorado de los Siddhas.
¿Cómo se entra en el linaje? Preparándote y entregándote, limpiándote y llenándote. Abre el corazón a los Siddhas. La gracia siempre está disponible, se perciba o no. La gracia de los Siddhas es abundante. Pide y recibe – ábrete a recibir. Dios no escatima nada para bendecir con su luz al devoto. La luz puede transformarlo todo.
Morando en la luz te conviertes en la luz, la luz de Shiva, la luz en la que viven los Siddhas.
Conecta siempre con la luz, con su vibración, y deja que descienda su bondad en las cosas.
El Divino ha cuidado de ti vida tras vida, buscando tu crecimiento espiritual. Las almas son como árboles (Kundalini) que crecen hasta el encuentro con el Divino en la corona, de la tierra al cielo. La tierra es el campo de juegos del Divino; los Siddhas encarnan la plena manifestación del Divino en la forma.