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    Manejando la mente
    de "La voz de Babaji"

     


    La mente es un manojo de pensamientos, por supuesto, limitantes y condicionantes. Estos pensamientos encubren la unidad real del alma y por tanto, allanan el camino para la falsa apariencia de la multiplicidad sobre ella. El hombre, tal como parece ser en el momento presente, no es sino un manojo de pensamientos e incoherencias que pueden ser sustituidas por otras mejores en un abrir y cerrar de ojos, a través de la gracia y la benigna misericordia del Satgurú Deva, en cualquier momento en que (el Gurú) sea complacido.

    Esta realización de la unidad espiritual en todas partes es efectuada por el cese total de todos los pensamientos, o en otras palabras, por la completa aniquilación de la mente. Lo humano en cada uno debe morir para que la Divinidad pueda ser revelada. En el Gita, Arjuna se encuentra a sí mismo en una situación muy crítica e informa a Sri Krishna de que la mente está muy inquieta y turbulenta. Es muy difícil de reprimir, como el viento que pasa. La respuesta fue que la práctica constante (del Kriya Yoga), unida al desapego (vairagyam), podrían poner la mente bajo control (nota: también en los Yoga Sutras encontramos: "Mediante la práctica constante y el desapego surge el cese de la identificación con las fluctuaciones de la consciencia", I.12). No debemos permitir que la mente vuelva a los vrittis o modificaciones mentales, ni debemos identificarnos nosotros mismos con los pensamientos, que son como ondas u olas en la mente. Debe haber un periodo de calma y tranquilidad.

    Es de la importancia más elevada hacer que la mente se pierda a sí misma en el infinito, como una burbuja estalla por sí misma en el océano de la Realidad. Justo cuando comenzamos a reflexionar para trazar su origen, se desvanece. Si nos inclinamos a seguirla, intenta conquistarnos. No nos obedece si la obedecemos. Si somos el Testigo, un mero espectador, notando sus ascensos y caídas, no puede sino volverse sumisa a nosotros. Debemos estar despreocupados de ella, y desarrollar en nosotros la actitud de un testigo inafectado.

    Cuanto más escapamos de la naturaleza, más intenta la naturaleza mandar sobre nosotros. Por otro lado, si permanecemos constantes y firmes en nuestro derecho de nacimiento, nuestra naturaleza inmortal como el Ser Supremo, entonces la naturaleza espera rendirnos homenaje, inclinándose con todo su poder ante nuestros pies. Por tanto, la mente debe ser bien manejada e intensamente observada. Si la mente es entrenada adecuadamente, el cuerpo denso no sufrirá innumerables enfermedades, tal como lo hace ahora. Tal como es adentro, es afuera. Si nos resistimos al odio, es cierto que no nos lo encontraremos en ninguna parte. Más aún, la ira, la envidia, los celos, la malicia, la preocupación, etc. no deberían encontrar alojamiento en la mente. Éstos son demonios que aplastan la mente y dañan al cuerpo. Por el contrario, el amor (prem), el divino tesoro en todos y cada uno de nosotros, no encuentra reacciones obstructoras en ninguna parte y expande nuestra pequeña vida al remodelar el humano en cada uno y moldear a cada uno de nosotros en un Niño de Luz (la luz del sachidananda que vibra de Babaji).

    Hacemos nuestro cielo o infierno en la tierra mediante nuestros deseos y demandas mezquinas, y lo que hacemos aquí configura o deteriora nuestro más allá. La mente que sigue los pasos de sus propios antojos, fantasías y caprichos es atrapada en su propio capullo de deseos. Sin embargo, aprenderá por grados a reflexionar sobre sí misma, siempre que se mantenga la maestría sobre ella en todo momento. Las acciones más comunes de la vida de cada día deben ser minuciosamente observadas, y ganada la experiencia.

    Aunque la mente parezca existir en el cuerpo o en el mundo, en el sentido real, el cuerpo y el mundo existen en la mente. El universo real es causado por la reacción de la mente, y la mente es una mezcla de acciones y reacciones. Generalmente notamos que ésta se divide en dos, y una mitad permanece a un lado como el testigo, mientras que la ‘otra mitad’ sigue funcionando.

    Tenemos que dominar a la mente inferior con la mente superior. Conquistar a la mente es conquistar al mundo, ya que la mente y el mundo no son sino el anverso y el reverso de la misma y única cosa. Seamos el testigo de la mente, que es, como dicen las escrituras, “un mono desquiciado, picado por el escorpión de los celos, borracho por el vino del egoísmo, poseído por el demonio del orgullo, y vagando sin parar por la jungla del mundo”.

    Por tanto seamos el testigo.

    AUM TAT SAT.

    Extraído del libro “La voz de Babaji”.



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