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    Impresiones de India - I
    por Nityananda

     

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    Atravesando Rishikesh, el Ganges desciende arrollador, abriéndose paso con una fuerza primordial que vivifica todo. El Ganges es la Madre Ganga, una madre diosa que desciende de los cabellos de Shiva (los Himalayas), fertilizando las extensas llanuras de India, y con el poder de limpiar los pecados. Mi primer baño en ella fue traumáticamente helado, pero luego descubrí que me había quitado el frío del cuerpo y la frialdad del corazón. Así que repetí el baño al día siguiente y medité en su orilla, al amanecer, cuando la luz inunda el valle y lo llena todo de gloria. Ahí bastó contemplar el río para sentirme feliz y en casa; comprendí por qué los renunciantes recorren su curso incesantemente, sin otro apego que el fluir del gozo divino.

     

     

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    Una web señalaba que existe una cueva en Rishikesh donde vivió Jesús, según el testimonio dado por santos como Swami Rama Tirtha (mencionado en "La voz de Babaji") y Swami Ramdass, que estuvieron allí. Así que fuimos en su busca, a media hora de la ciudad, por un camino lleno de curvas y de monos.

     

     

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    Tras pasar los dos últimos años trabajando con las enseñanzas de Jesús, esa posible visita parecía un regalo, pero la localización de la cueva no resultaba fácil. Algunas guías turísticas decían, además, que las afueras de Rishikesh podían ser un lugar peligroso. Pero lo cierto es que, lejos de la ciudad, al abandonar la carretera y descender al lecho del río Ganges, nos vimos inundados por una paz sobrecogedora; es un sitio donde muchos renunciantes practican la meditación.

     

     

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    Y nada más llegar al lugar de referencia para empezar nuestra búsqueda, había allí un indio ¡que hablaba español! Y sin más tardanza habló con alguien del lugar y localizamos la cueva en cinco minutos.

     

     

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    El lugar era pequeño, sudábamos del calor. Hubo que trepar un poco por las piedras. Pero la meditación allí satisfizo nuestras expectativas: energéticamente fue una de las experiencias más poderosas del viaje, sobre todo en las horas posteriores.

     

     

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    Justo antes de abandonar Rishikesh, acertó a pasar por allí el Señor Hanumán, el dios-mono servidor de la Divinidad, en la forma de un representante terrenal. Llevando un colgante de Él, y siendo una imagen preferida de la Divinidad, no podía sino pedir su bendición. Tras poner su mano en tu cabeza, emitía un fiero gruñido a modo de puja (ceremonia auspiciosa). ¡Todo por 100 rupias! Aunque yo le di más, y me puse tan pesado que colocó su maza en mis hombros, como si me armase caballero, para darme una gran bendición. Un buen presagio, antes de partir para los Himalayas.

     

     

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    Estas cosas y casualidades sólo pasan en India... Pienso que allí no hace falta buscar experiencias, sólo estar entregado y atento, sin dejar que el ego te dirija, y entonces las cosas suceden... cada día es un aprendizaje diferente, tanto con cosas "buenas" como con cosas "malas". Todas ellas son igualmente una bendición, si uno está receptivo.

    (Continuación)

 

 

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