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    Experiencias integradas - experiencias disociadas
    por Nityananda

     


    Según explica el Yoga, en nuestro cuerpo sutil tenemos siete centros psico-energéticos llamados “chakras”, y cada uno de ellos está asociado a un estado de consciencia característico. De forma habitual, salvo que hagamos algo para evitarlo, nuestra energía se concentra en los tres primeros chakras, con lo que nuestro estado de consciencia estará asociado al característico de estos tres chakras: el primer chakra está relacionado con la sexualidad, el segundo con la supervivencia material y el tercero con el ejercicio del poder y de la voluntad para conseguir nuestras metas. No es extraño, por ejemplo, que el impulso sexual o los miedos asociados a la supervivencia ocupen un lugar tan predominante en nuestra consciencia habitual o en nuestra sociedad (sólo hay que ver la programación de la televisión para comprobarlo). En Yoga sabemos que la energía y la consciencia están relacionadas; de modo que a través de la práctica de Kriya Yoga intentamos, por ejemplo, elevar la energía hacia los chakras superiores, con el fin de acelerar su apertura, y acelerar así también nuestra evolución personal y espiritual, de forma gradual y armónica.

    En el mercado espiritual se ofertan formas diversas de experimentar aperturas rápidas, por lo menos temporales, de los chakras superiores, consiguiéndose así obtener experiencias espirituales, o experiencias más allá de la consciencia ordinaria. Mediante el consumo de drogas, naturales o no, y la práctica de determinadas técnicas respiratorias o meditativas intensivas y drásticas se puede conseguir este objetivo. Sin embargo, hay que señalar que estas prácticas ofrecen ciertos peligros, aunque nos ofrezcan la garantía de una experiencia espiritual instantánea – un recurso habitual en la sociedad consumista en la que vivimos.

    En el Kriya Yoga y en otras formas de Tantra, los chakras se van activando y abriendo conforme la energía se va elevando de forma progresiva y gradual, de modo que la apertura y actividad de cada chakra se ve sostenida por la actividad de los chakras situados por debajo de él. Esto garantiza un crecimiento equilibrado, en el que el yogui va expandiendo gradualmente su consciencia y sus capacidades, en armonía con su personalidad y su forma de vida. En el Kriya Yoga, las diferentes técnicas, posturas, meditaciones, pranayamas, mantras, etc. trabajan en sinergia para este objetivo. Las posturas, por ejemplo, limpian los nadis o canales de energía, facilitando que ésta circule sin impedimentos entre los diversos chakras; determinadas técnicas de meditación limpian los contenidos del subconsciente, que se dice se almacenan en el segundo chakra y que son fuente de perturbación psicológica para la persona.

    La práctica intensiva y drástica de determinados pranayamas y meditaciones, al igual que el consumo de drogas, puede activar experiencias del chakra de la frente (relacionadas con “visiones” de planos sutiles, de los más densos o oscuros a los más elevados) o del chakra de la corona (relacionadas con la consciencia pura, la no-dualidad en la que no existe el individuo, sino un todo). Estas experiencias pueden tener vínculos de unión con el resto de la actividad de los chakras o de la personalidad, o no tenerlos. Si no existen vínculos de unión, el resultado es una consciencia fragmentada entre dos experiencias diferentes que no pueden ser unidas.

    Imaginemos, por ejemplo, que una persona experimenta una apertura temporal del chakra de la corona, con su experiencia de disolución del “yo”, y no hay un vínculo energético entre este chakra y los inmediatos inferiores (apenas activados), estando la consciencia ordinaria asociada a los tres primeros chakras. En este caso surgirán dificultades cuando la personalidad no pueda integrar la experiencia: se crea así lo que en Psicología se llama una “disociación”: hay una separación en la psique. Por un lado está la experiencia de disolución del “yo”, y por otro lado la experiencia ordinaria del individuo, que interpretará a su manera la experiencia anterior; probablemente la considerará una amenaza para la supervivencia, y será fuente de neurosis y perturbación mental.

    Por ello, es conveniente, cuando se habla de estados modificados de consciencia inducidos, diferenciar dos tipos de experiencias:

    - Experiencias de fragmentación: las que se limitan a unos chakras pero sin vinculación o continuidad con los demás, excluyendo así al resto del “yo” y la personalidad – éstas crean una disociación en la persona, una división en la psique.

    - Experiencias de expansión: las que expanden la personalidad, integrando los demás factores ya existentes en ella y rebasándolos armónicamente.

    Las primeras originarán sufrimiento, las segundas originarán gozo.

    Las experiencias drásticas que crean la disociación no se pueden integrar con el sentido del “yo”, dándose una falta de conexión entre pensamientos, recuerdos y el sentido de la propia identidad. La disociación puede producir diversos efectos en el individuo, entre ellos están:

    - La persona no se reconoce a sí misma o a su propio cuerpo.
    - La persona siente que el mundo no es real.
    - La persona siente confusión respecto a quién es, incluso respecto a dónde está.

    En el Yoga, tradicionalmente, la enseñanza del pranayama se daba directamente de maestro a discípulo; éste practicaba bajo la supervisión del maestro, lo que probablemente se hacía para evitar problemas de disociación provocados por una práctica excesiva o una falta de preparación previa. Los Siddhas alaban el pranayama como una de las herramientas más poderosas para el avance espiritual, pero, señalan, puede ser como una espada de doble filo, si se usa incorrectamente.

    También, excepcionalmente, se producen a veces intensas experiencias espirituales espontáneas en contadas personas (previamente incluso a cualquier interés suyo por la espiritualidad), que les pueden crear cierta disociación, pero que con el tiempo, gracias a una posterior práctica adecuada del Yoga, pueden integrar y usar incluso como estímulo y referente para su avance. Realmente cada persona es diferente, con un pasado diferente y con unas características diferentes. Pero una práctica integral y constante permite a uno retomar el camino allá donde lo dejó; Krishna asegura, en el Bhagavad Gita, que ningún esfuerzo por parte del yogui es en vano, que nada se pierde en su camino hacia el Uno.

    Y no estaría de más señalar que en el Yoga, en realidad, no buscamos ninguna experiencia, sino el cese de nuestra identificación con ellas. Así podemos volvernos conscientes del Gozo que ya somos en esencia, independientemente de las experiencias. En el Kriya Yoga, buscamos esta meta incluso enmedio de la vorágine del mundo y de nuestras actividades cotidianas.

 

 

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