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    Mi encuentro con Babaji en Badrinath
    por Govindan Satchidananda

     

    Los encuentros con Babaji sucedieron a comienzos de octubre de 1999 en el lago Sapt Kund, también conocido como Saptopanth Tal, a 32 kilómetros arriba de Badrinath, al otro lado del monte Neelakantam. Durante muchos años he meditado acerca de ir al ashram de Babaji, cerca de Badrinath, en los Himalayas. Es conocido como Gauri Shankar Peetam. Ha sido descrito V.T. Neelakantan en su libro “La llave maestra de Babaji para todas las enfermedades”, y por Yogui Ramaiah en una de las primeras ediciones de su Kriya Yoga Magazine. Cada uno de ellos fueron llevados allí por Babaji, Neelakantan en el plano astral, y Yogui Ramaiah en el plano físico, en 1952 y 1954 respectivamente. Yogui Ramaiah me dijo que estaba situado en Sapt Kund (también conocido como Lago Saptopanth), a unos 30 kilómetros del templo de Badrinath, y detrás del Monte Neelakantan.

    Toda esta área alrededor de Badrinath está envuelta en leyendas. Se dice que Arjuna fue a Sapt Kund a bañarse y limpiarse tras la batalla de Kurushetra. Se dice que Vyasa escribió el Mahabharata en una cueva determinada en Mana, un pueblo a 3 kilómetros del pueblo Badrinath. He escrito sobre Badrinath en mi libro "Babaji y la Tradición de Kriya Yoga de los 18 Siddhas".

    Yogui Ramaiah me había enseñado a comunicar con Babaji. Comencé a visitar Badrinath en 1986, con Yogui Ramaiah, tras la Mahakumba Mela en Haridwar. Durante mi vista a Badrinath en 1998 Babaji me dijo que solicitara permiso para ir al área restringida más arriba de Badrinath al año siguiente. Nunca se le había dado permiso a los extranjeros a entrar en esta área debido a su proximidad con la frontera de Tibet y de China. Cuando Neelakantan, el director de nuestro ashram en Chidambaram, se las arregló para conseguir un permiso para nosotros para caminar hasta ahí, con la ayuda de un hombre de negocios local, Rohit, encontramos un guía local y contratamos a tres porteadores nepalíes. Los seis caminamos hasta este lago glacial, la fuente del río Alakananda, en dos días, llegando el 2 de octubre. Con el aire conteniendo sólo la mitad de oxígeno del que hay a nivel del mar, la caminata sobre el glaciar de hielo resbaloso y desparramado de rocas fue extremadamente ardua.




    A la izquierda, el lago Santopanth Tal en octubre de 1999. A la derecha, Govindan Satchidananda y Rohit escalanado hacia el lago Santopath.


    Tras explorar las escarpadas cuestas alrededor de los lados del lago en busca de cuevas o lugares que sirvieran de refugio (no habíamos traído tiendas), escogimos un pequeño muro de piedra, construido en tres lados, de unos tres pies de alto, que había sido erigido probablemente hace mucho por pastores o peregrinos. Extendía una gran tela de plástico sobre él, y sujeté los lados con piedras. Podía entrar por el cuarto lado, que dejé abierto. Neelakantan se desplazó a una cueva cercana, de ocho pies de largo, con una entrada baja, y justo lo bastante amplia para que se acostara. Los porteadores se fueron al kutir y desempaquetaron.

    Era un glorioso día iluminado por el sol, con el cielo más azul que había visto nunca. Parecía que estaba “restallando” con energía pránica. A mediodía, tras la comida, comencé a explorar el área, rezando para encontrar el ashram de Babaji. Al leer la narración de V.T. Neelakantan acerca de su visita a Sapt Kund, había previsto que el ashram actual de Babaji estaría escondido. Como no había senderos, sino peñascos y rocas esparcidas y apiladas en las empinadas cuestas, no era fácil explorar. Finalmente encontré un recodo muy arriba del lago, en un bloque liso. Desde ahí podía ver casi todo el lago, igual que las montañas de alrededor. Durante los siguientes días pasé la mayor parte de mi tiempo practicando las 144 Kriyas que Babaji había enseñado a Yogui Ramaiah aquí hace 45 años.

    Ya pasado el mediodía, descendí hacia abajo, cerca de la orilla del lago, donde encontré una enorme cueva bajo dos grandes peñascos. La entrada a la cueva era tan baja que tuve que gatear para introducirme, pero una vez dentro pude fácilmente ponerme de pie en su centro. Parecía como si hubiera servido hasta para una docena de personas a la vez. Aparentemente había sido usada para un grupo, porque en distintos sitios se veían asientos de piedra cerca de la pared interior. Me senté en la esquina más lejana de una gran piedra lisa y cerré mis ojos. La poderosa presencia de Babaji se volvió evidente, y me llené de éxtasis y de luz, de una gran expansión del ser, y de una paz muy profunda. Estaba en casa.

    Más tarde, al abandonar la cueva, descubrí un foso para el fuego, veinte yardas bajo la cuesta, construido de piedra, de forma cuadrada, a la manera tradicional de una mantra yagna peetam. En él quedaban los carbones sobrantes de un fuego yagna. A unos cuatro pies de él, en las cuatro direcciones, había unas piedras lisas en las que uno se podía sentar fácilmente, mirando el fuego. Estaba emocionado por haberlo encontrado, igual que Yogui Ramaiah lo había descrito en su pintura de Mataji lavando los pies de Babaji. De hecho, esta pintura (que sirvió como base para la pintura hecha por mi hermana, Gail Tarrant, que se puede ver en la cubierta posterior del libro "Babaji y la Tradición de Kriya Yoga de los 18 Siddhas") era una representación extraordinariamente precisa de la escena real del Saptopanth. En particular, los tres picos del fondo, en los que está el monte Neelakantan, y las empinadas colinas que bordean el lago por todos lados, excepto el area estrecha en la que están sentados Babaji y Mataji, eran igual que en las pinturas.

    Durante los siguientes días seguí sentado la mayor parte del tiempo en éxtasis, en mi recodo sobre el lago. “¡Qué gozo inefable!”. Durante mi primera meditación allí, oí claramente la voz de Babaji diciendo “Permanece en mí”, y estas palabras me impactaron tanto que durante los próximos días mi consciencia “se volvió hacia adentro”, por así decirlo. “Eso”, “La Presencia”, vino a un primer plano, y todo lo demás se retiró a un segundo plano. El mundo físico tal como era presenciado por los sentidos aparecía como imágenes sobre la pantalla de una película. Quizás la extraña atmósfera de allí, y el proceso de purificación por el que había pasado durante los últimos años (por no mencionar los 30 años de intensa sadhana), sin duda ayudaron a “preparar el terreno”. La película, sin embargo, no se basaba en “fenómenos”. Era la fusión de la “consciencia” que hasta ahora había estado encerrada dentro, con Esa Realidad que penetra en todas partes. Una paz y tranquilidad inefables. La ausencia de formas de pensamiento que normalmente son muy comunes allí donde mora el hombre (y la polución física y mental) era destacable. Las elevadas montañas en todos lados, cubierta de pura nieve, permanecían como centinelas, guardando este espacio sagrado. Señalaban hacia el cielo, hacia la infinidad azul. La intensa luz del sol ilumina e impregnaba todo. ¡Qué éxtasis! Aquí, los sucesos naturales, como las avalanchas de nieve y rocas que ocurrían varias veces al día, tomaban nuevos significados. Me maravillaba cómo el glaciar en el que estaba sentado y me rodeaba había sido durante cientos de miles de años por el efecto acumulado de tales avalanchas, y cómo su lento movimiento y su deshielo había nutrido las secas y polvorientas llanuras de India durante miles de generaciones. Cuán interconectados estamos todos a través del tiempo y el espacio.

    "Auto-consciencia brillante", exclamé varias veces, después, cuando la mente hizo intentos para describir este estado. Bebí profundamente del océano de gozo que se derramaba de ese profundo glaciar de Sapt Kund, uno de los cuatro principales orígenes del río Ganges.

    El 5 de octubre de 1999, entre las 3:30 y las 5 p.m., tuve la primera de dos visiones de Babaji. Estaba sentado en mi recodo favorito, 100 yardas por encima del lago Saptopanth, cuando la forma radiante de Babaji apareció ante mí. Parecía igual que en la fotografía tomada por V.T. Neelakantan hace casi 50 años. Con el pelo cobrizo, la piel hermosamente morena, ojos marrón oscuros, descalzo y con sólo un dhoti de color amarillo pálido, de su cintura a sus tobillos. Caminó hacia mí y me abrazó. Me sentí lleno de una poderosa luz dorada. "Estoy muy feliz de que recibieras los mensajes telepáticos que te envié y que los siguieras”, dijo. “A pesar de todas las dificultades y de tu apretada agenda, has venido finalmente. Tuve que apartar muchos obstáculos para que vinieras aquí. Hice que el oficial de Joshimutt te diera un pase. Impedí que lloviera aquí en todo el invierno, para que pudieras atravesar el glaciar”. Siguió: “Es bueno que no trajeras un grupo, porque las condiciones habrían sido muy difíciles, y sus distracciones habrían impedido que recibieras las experiencias que quiero que tengas aquí”. Después sonrió y dijo lo siguiente: “Tienes mis bendiciones, y la Orden de Acharyas que has fundado en mi nombre expandirá gradualmente mi Kriya Yoga por el mundo”. Después me dio algunos mensajes importantes para que los dijera a otros.

    En la noche antes del 7 de octubre nevó de nuevo, pero esta vez con gran fuerza. Por la mañana, casi seis pulgadas de nieve cubrían todo. Había riesgo de quedar atrapados en la nieve si seguía nevando. Afortunadamente, el 7 de octubre fue soleado, pero la nieve no se derretía. Decidí que era el momento de deshacer el campamento y marcharnos. Se nos había dicho que durante el invierno anterior no había nevado en absoluto entre Badri y Sapt Kund, y sólo por este suceso inusual fuimos capaces de abrirnos paso hasta Sapt Kund. Aunque una parte de mí siempre permanecerá ahí y está allí incluso ahora, el vehículo más denso no habría sobrevivido, y estaba comprometido a su tarea de “seguir entregando el correo” a muchas personas. ¡Babaji está en todos, y ahora Le veo muy claramente! Y éste es quizás el mensaje que más quería que transmitiera: “Busca a Babaji para convertirte en Babaji”; primero en tu propio corazón, luego en todos y en todo.

    Traducido de la página http://www.babajiskriyayoga.net/ con el permiso del autor


 

 

 

 

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